El vaso está medio vacio, hasta la ciencia lo dice
En este blog, si soy coherente con la idea inicial: encontrarán algunos textos escritos a la pasada durante estos últimos años. Los mismos se basan en cosas escritas sin pensarlas (mejor dicho: pensándolas mientras las escribía) y por ende el rumbo que iban tomando se convertían en una revelación incluso para mí. Que esta última frase no los ilusione tampoco, no encontrarán un acto de ciencia ficción aquí, solo un par de textos que se excusan si carecen de lógica.
De la nada, un niño explota en un canto que le brota del alma:
-¡Hoy es viernes, termina la semana!-
-No hijo, hoy es lunes, empieza la semana- Le dice su padre deseoso de que su hijo tuviera razón. El chico lo mira y parece no prestarle atención.
Momento en el que uno como yo, y los miles que escuchan esas cosas en silencio, se deberían preguntar: ¿Estamos ante el caso de un niño optimista o se trata de un idiota crónico en potencia?
Hasta hace 2 días creía en la inocencia de mi novia, hasta hace dos días... Era el 21 de septiembre y el sol acompañaba atípicamente una nueva primavera. Como siempre en mi afán de preguntar cosas que sin mucho razonamiento nos empeñamos en decir pasé por media docena de respuestas tímidas, inconcisas, tontas, naifs... hasta que llegué a ella. Fue via msn lo que hizo todo más tremendo, caí con la pregunta del día una vez más:
YO: "...aunque nunca entendí por que se saluda por la primavera. ¿Soy una plantita?"
ELLA: "Es un saludo prediciendo como podríamos llegar a terminar,
y como no se sabe con exactitud si terminaremos así, nos saludan a todos..."
¿Acaso yo cree este monstruo, mi toxicidad fue tan grande, o esta chica tenía guardado este vagón de cinismo morboso detrás de una montaña?
Fernando va apurado para tratar de llegar a su trabajo antes de que noten su fuga. Con paso ligero lleva una bolsa repleta de exámenes que poco le importan. A mitad de camino y para su sorpresa, es bruscamente interceptado, un niño pasa por delante suyo corriendo y le dispara en el pecho: ¡Pshiu! Fernando mira al niño un instante, levanta la mirada y sigue vivo y caminando. El niño no se resigna, lo persigue y se escuchan dos tiros, más potentes aún, que se estrellan en el pecho del poderoso Fernando: ¡Pshiu, PSHIU! Fernando ignora su muerte mientras con sorna imagina una patada descolocadora en la cabeza del eventual asesino.
Le gustaría mostrarle como su pie real lastima más que las armas de rayos laser que el niño cree que dispara. Una lección que queda en deseo nomás, bien sabe Fernando lo mal que toman los padres que uno eduque a sus propios hijos
Es imposible no sentirme responsable, si yo fui quién lo inicio. Tampoco creo, como siempre dicen, que le cagué la vida. El tiene libre albedrio y la capacidad para controlarse, yo de hecho lo pude hacer. El problema, al parecer, radica en que con este tema él tenía una debilidad, una pre-disposición. Apenas se lo mostré ya le explotaron los sentidos; en su momento no quise creerlo para evitar sentirme así, como me siento ahora. No pasó mucho tiempo para que se obsesionara y no pudiera dejarlo. No nos veíamos mucho y esto hacia las cosas más terribles, pues la imagen mental que guardaba de él era sana comparándola con la actualizada al momento del siguiente encuentro. Me mordía para no llorar. Traté de desalentarlo…. Incluso llegué a convidarle otras cosas igualmente toxicas esperando que le sirvieran para dejarla… quizás estas si pudiera controlarlas. Todo era inútil, nada más parecía importarle.
Volví a verlo seis meses después, estaba desquiciado, perdido, totalmente sumido en su adicción. Sin decirme más que un “hola” empezó su verborrágico patetismo: “Conseguí dos DVD nuevos de Tommy y me baje los discos que me faltaban…. ¡Ya casi tengo TODO!” En ese preciso momento bajé definitivamente los brazos. Abandoné mi lucha en lo que considero que personalmente puedo hacer. El problema se los traslado a ustedes como un buen hijo de puta que soy. Quizás ustedes al verlo, ojala les suceda, queden adictos a él: el gran Tommy Emmannuel y si pueden, cueste lo que cueste, salir, por favor cuenten como hicieron para lograrlo. Quizás este método funcione en mi amigo también.
Sé que los estoy usando pero también sé que ustedes harían lo mismo en mi lugar… si tuvieran la cualidad de ser hijos de puta como yo
Vistiendo esos feos y tan conocidos uniformes de jardín con lunares azules en fondo celeste claro, escuché como una niña del 2000 de la mano de su padre contaba entusiasmada:
“Hoy en el jardín hablamos de Joan Miró”
Debo confesar que llegué más feliz al trabajo, aunque sin dejar de pensar cuanto Miró le faltan a esos uniformes.
Uno, a menudo, deja de ver pequeños cambios por creerlos imposibles, pero lo mismo suceden. Hace cosa de unos pocos días advertí un pequeño error en este blog.
¡¿Cómo fue que de golpe llegó tan alto mi recuadro verde?! Pensé que era un error, uno de esos tantos que tiene la Internet. Probé con el Internet Explorer (no sin dolor, pero sabiendo que por más que quiera tanto al Mozilla algunas cosas escapan de su perfección) pero seguía sin bajar. Como si se hubiera tomado una botella de helio este hijo de puta, esta suerte de Barón rampante simplificado se negaba a dejar ver todo el texto, empeñado en tapar la pantalla. Fui persistente pero nada parecía funcionar, finalmente, rendido, asumí que algunas cosas es mejor dejarlas ser, si no quiere bajar que no baje… ¡Pero no iba a estar ese capricho acá! Opté por lo drástico, cambiar el diseño (aprovechando las palabras de una persona muy allegada a este espacio, quién al preguntarle sobre si veía también el cuadro volador, me respondió: “Al blog le falta diseño” lo insulté desde luego, pero tomé su sugerencia, abrí el muestrario de plantillas y es así como ahora tenemos este nuevo formato, para que sigan sin ver, o viendo pero sin leer hasta que algún cuadro quiera independizarse o renegar de su creador.
Fue mientras pasaba, escuchando sin querer escuchar. Dos chicos recién salidos de la escuela quienes curiosamente aun mantenían sus uniformes en orden institucional.
No debían tener más de 12 años, pero esto no parecía importarle al más alto quien con un carácter y un tono de voz pausado y accesible lo miraba al otro con la convicción de que sus consejos lo ayudarían. EL otro entregado terminaba su frase casi avergonzado…
-Me dio miedo
Y el otro lleno de calma y con la sabiduría que dan los (pocos) años le contesto
-Te dio miedo... Pero si fuera flaca y armónica…
Seguí caminando, no sin sonreír primero, mientras imaginaba como había podido seguir esa charla tan prometedora. Desgraciadamente, por el momento, no acostumbro seguir gente, dependerá de ustedes imaginar el resto.